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El Día Después – Qué es lo que queda después de la tormenta

Publicado en el Cuerpo de Reportajes del Diario de Aysén, Domingo 22 de Abril de 2012

Como suele suceder, en la calma que queda después de la tormenta, se comienza con los balances, y en este caso no es la excepción. Después de 40 días de movimiento social en Aysén, ahora que ya queda atrás la adrenalina y la tensión de los días de conflicto, quedan las crudas y frías cifras, de las que por cierto, hay que hacerse cargo.

Nuestra región es joven con respecto al país, también es la menos poblada, por lo que su influencia social y política no es mucha, y esa es la verdad. En ese contexto el proceso que vivimos es complejo, vimos una cara que algunos podrían catalogar incluso de épica al enfrentar la adversidad, pero también vimos lo peor de nosotros en la violencia y el saqueo, y seamos honestos, no eran activistas ni infiltrados los que salieron corriendo por la calle con un televisor plasma al hombro.

Este movimiento tuvo la virtud en todo caso de poner a la región en carpeta nacional por mucho tiempo, y con temáticas que a la mayoría de nosotros nos afectan, pero al mismo tiempo tuvo un costo, muy alto. Se estima que el comercio en la región perdió en promedio un millón de dólares diarios en este mes y medio. Y ese es un lujo poco acostumbrado para una región pequeña y aislada del país.

Este dato tal vez a muchos no les preocupa en lo más mínimo, ya que según el razonamiento de moda, “no importa, total, que pierdan los ricos”, la pregunta entonces es, ¿cuáles ricos? La inmensa mayoría de las empresas locales son pequeñas, y con suerte medianas, y después de hablar con varios de ellos, el nivel de preocupación es grande ya que hay que hacer andar de nuevo una economía poco profunda como ésta, con dos meses perdidos, con el invierno a la vuelta de la esquina, y seguir cumpliendo los compromisos, es decir, hay que seguir pagando los créditos, los impuestos, y por supuesto los sueldos. Si no lo han pensado o no lo saben, el 90% de los empleos en Chile los generan estos “ricos” pequeños empresarios, de los cuales en la región el 60% aún son personas naturales.

Pero bueno, el movimiento terminó, y se llegaron a ciertos acuerdos para la mayoría de los puntos, pero tal vez el que más llama la atención mediáticamente es la idea de implementar una Zona Franca en la región para solucionar principalmente la demanda de un combustible más barato, y así tener costos más competitivos a nivel nacional.

En este sentido hay que aclarar que si bien las Zonas Francas en Chile tienen ciertos beneficios, como el acceso a productos importados, no nacionales, sin IVA, no es una solución adecuada para el tema de combustible que se pretende cubrir, y la explicación es simple.

Las Zonas Francas son recintos amurallados que se consideran por ley territorios especiales donde no se aplica IVA, pero sí los impuestos específicos como el que tiene el tabaco o el alcohol. En ellos se pueden encontrar productos importados que no tienen por qué ser mejores o más baratos que los nacionales.

Pero hay una característica que no tienen las Zonas Francas de Iquique o Punta Arenas, y es que ninguna tiene en su interior un servicentro que venda combustible libre de IVA, ya que esto sólo produciría una gran congestión al interior del recinto y finalmente beneficiaría sólo a la población inmediatamente circundante, lo que obviamente no es lo que se está buscando en nuestro caso. Si así se quisiera hacer entonces, habría que transformar en Recintos Francos todos los servicentros de la región, lo que raya en el absurdo.

Visto desde otra perspectiva, el impacto de comprar combustible sin IVA existe pero es discreto, si lo llevamos a cifras promedio, en un litro de bencina que cueste $830, el IVA sólo explica $95, por lo que si realmente se quisiera generar un impacto real de rebaja de combustible para la región sería mejor pensar en el impuesto específico que explica cerca de $240 del precio final, pero eso sabemos que el Ministerio de Hacienda no lo va a hacer, menos después de los compromisos adquiridos para solucionar el movimiento estudiantil del año pasado.

Lo que sí se podría hacer ahora, sin mayor gasto de energía y tiempo, ni transformaciones legales como sí las necesita una Zona Franca, es trabajar fuertemente en la conversión del transporte público a gas, transformando en Recintos Francos las distribuidoras de dicho combustible, como lo hace el modelo de Magallanes. Ese paso sí tendría impactos directos y tangibles no solo en el transporte sino también en la canasta de consumo de la población en general. En fin, veremos qué pasa.

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