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Santiago a Mil – Choque de Culturas

Publicado en el Cuerpo de Reportajes del Diario de Aysén, Domingo 10 de Abril de 2011

Por razones personales tuve que viajar a Santiago unos días, y mientras me encuentro en una sala de espera, reflexiono acerca de lo que un viaje acá significa y el impacto que genera en los visitantes. Yo no debiera sorprenderme ya que provengo de Santiago, sin embargo en el tiempo que he permanecido en Coyhaique he adquirido un ritmo de vida que evidentemente choca con el vértigo que se vive en esta ciudad.

En administración esta asimilación de costumbres se conoce como integración a la cultura organizacional. Y es un proceso que todos hemos vivido alguna vez, acostumbrarnos a hacer las cosas de una manera que no conocíamos, seguir procedimientos y aprender códigos, que es lo que se supone que pasa en los procesos de inducción.

El problema que sucede es que este paso tan fundamental algunas empresas no lo toman con el rigor que merece, y se asume que en un par de horas en que una persona “vea” cómo hace las cosas quien se encuentre en el puesto del lado, está todo listo. Pero la verdad no es así, los procesos de aclimatación son complejos, y su duración depende mucho del perfil de la persona y del impacto que su llegada provoca en sus nuevos compañeros.

Hay que pensar también que con el tiempo este nuevo integrante también tendrá que estar a cargo de la inducción de un nuevo integrante de la organización, y lógicamente tendrá la tendencia a hacer lo mismo que hicieron con él, lo que ciertamente no augura necesariamente buenos resultados. Por lo tanto los refuerzos escritos que utilizan generalmente las empresas colocando en las paredes la Misión y Visión de la compañía, que en realidad son síntesis de aspectos culturales, apoyan finalmente una incorporación más rápida de los nuevos miembros.

Con el tiempo las personas se adaptan, aprenden y se incorporan totalmente, de todas formas vale la pena preguntarse si ese proceso pudo ser más rápido, simple y eficiente de una manera más estructurada.

Cuando era niño andar en metro era un paseo familiar, de hecho tengo un par de fotos que lo registran, sin embargo, ahora que me desocupé y tengo que irme la perspectiva de subir al metro en hora punta no me entusiasma, las cosas han cambiado y yo he cambiado, por alguna razón extraño los taxis a mil pesos y definitivamente, prefiero caminar.

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