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Morir en un Infierno – Negligencias Inexcusables

Publicado en el Cuerpo de Reportajes del Diario de Aysén, Domingo 24 de Octubre de 2010

La muerte de Borja López, de sólo tres años, ahogado y deshidratado en el interior de un automóvil, indigna no sólo por lo absurda, sino también por el sinnúmero de negligencias que lo rodean a su corta edad y que finalmente le cuestan la vida. El problema que surge con las negligencias es que generalmente no pueden asociarse a una mala intención, simplemente son actividades y compromisos que no se cumplen con la rigurosidad que se merecen, lo que genera perjuicios a veces mortales.

Este niño muere no solamente por quedar olvidado durante más de cuatro horas dentro de un vehículo que estaba con sus ventanas cerradas, muere también porque nunca debió estar dentro de ese automóvil, que era el de su tía del jardín y que ejercía aparte de las labores propias de su profesión, la función de transportista escolar, lo que es absolutamente ilegal. Lo grave de esto es que esta situación era conocida y avalada por los dueños del establecimiento y sus padres, que lo pusieron allí. Ese es un ejemplo de negligencia inexcusable.

Nos hemos acostumbrado a recibir noticias de negligencias provenientes principalmente del ámbito de la salud, donde son más notorias. Pero este tipo de lacras nos rodean en todos los ámbitos, donde hemos permitido que se hagan comunes, que sean parte de nuestra cultura. “No importa, da lo mismo”, “no se nota”, “lo hago mañana”, “es igual al original” son frases que todos hemos dicho en alguna oportunidad y que parecen menores en nuestro juicio, pero que pueden generar efectos mayúsculos.

Es importante entonces aprender que estas pequeñas faltas se van sumando, y que provocan resultados que se nos devuelven como en un boomerang, ya que cuando siempre estaremos rodeados en nuestro trabajo de personas que dependen de nosotros y de nuestros resultados para realizar sus propios trabajos. No hablo solamente de la figura que entendemos generalmente como cliente y que es el consumidor final, me refiero a ese cliente interno, que trabaja con nosotros y que depende de nosotros. Fallarle a él es fallarle en realidad a toda la cadena. Ninguno de nosotros es perfecto y todos cargamos con responsabilidades que tienen su origen en negligencias que alguna vez cometimos y eso hay que tenerlo claro antes de evaluar a los demás.

Cada vez que tratamos de sacarnos un parte, de cruzar por donde no correspondía o de hablar por celular mientras manejamos, cada vez que no pagamos cuando correspondía, que dejamos cosas para el día siguiente o que no alzamos la voz cuando nos encontramos con irregularidades, hemos cometido negligencias inexcusables. Como la que cometió la tía del jardín al olvidar a Borja López de sólo tres años al interior de su automóvil, la que cometieron los dueños del establecimiento al avalar este procedimiento, la que cometieron sus padres al colocarlo en ese auto, y la que cometimos todos nosotros al construir una sociedad donde estas cosas pasan, y que dejamos a este niño morir en un infierno.

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