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33 – El Milagro del Trabajo en Equipo

Publicado en el Cuerpo de Reportajes del Diario de Aysén, Domingo 17 de Octubre de 2010

Luis Urzúa observa a través de la rejilla de la puerta que está a punto de abrirse, lo esperan decenas de rostros iluminados, mil millones de personas lo ven por televisión a lo largo y ancho del mundo. Él sonríe tranquilo, es el último en emerger desde los 700 metros de profundidad donde permaneció los últimos 70 días, es el jefe de turno, el que debe entregarlo una vez que su equipo se encuentra a salvo, el que asume la responsabilidad hasta el final, el que tiene que tener la cabeza fría cuando las cosas resultan mal.

“Qué esto nunca más vuelva a ocurrir” le dice al Presidente con la claridad y simpleza de quien ha meditado la situación, analizado los escenarios posibles y las causas de lo ocurrido. Estos elementos son fundamentales en un buen liderazgo, sobretodo en situaciones extremas, y cuesta imaginarse situaciones más extremas que ésta.

De esta forma también y en ese contexto, se torna extraordinario, casi milagroso, que el equipo se mantuviera no sólo vivo, sino también organizado y unido. Eso permitió estructurar horarios, racionar la comida, solucionar provisoriamente el suministro de agua y electricidad, y mantener la motivación en torno a un objetivo, sobrevivir en el más total y absoluto aislamiento.

Muchos metros más arriba otro equipo comenzaba una operación imposible, sin saber dónde estaban, si se encontraban vivos o no, había que encontrarlos. Para ello se conformó una asociación pública y privada, nacional e internacional nunca vista. Se tenía una decisión clara, sacarlos, y no se escatimaron esfuerzos, se pidió toda la ayuda a los más distintos rincones del planeta y se organizó un rescate impensado.

Los equipos de trabajo son sistemas integrados, un buen liderazgo, por muy inspirado que esté, se pierde sin un buen equipo, pero si tienen las cosas claras y todos se comprometen totalmente en sus distintas tareas, se pueden lograr objetivos que muchos pueden considerar milagrosos.

Manuel González abre la puerta de la cápsula, es el último rescatista en ascender, se gira a la cámara que lo registra solitario a 700 metros de profundidad, saluda y hace una reverencia. Es el final perfecto de una operación perfecta, ya están bien en la superficie los 33.

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